loading...

aclaracioneswhite

Una figura de las cosas celestiales



UNA FIGURA DE LAS COSAS CELESTIALES


Como se ha dicho, el santuario terrenal fue construido por Moisés, conforme al modelo que se le mostró en el monte. "Es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios". Los dos lugares santos eran "figuras de las cosas celestiales". Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es el "ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (Heb. 9: 9, 23; 8: 2). Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de Dios que está en el cielo, vio que allí "ardían siete lámparas de fuego". Vio también a un ángel "con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para 43 añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono" (Apoc. 4: 5; 8: 3). Se le permitió al profeta contemplar el lugar santo del santuario celestial; y vio allí "siete lámparas de fuego ardiendo" y "el altar de oro", representados por el candelero de oro y el altar del incienso o perfume en el santuario terrenal. Nuevamente "el templo de Dios fue abierto en el cielo" (Apoc. 11: 19), y vio el lugar santísimo detrás del velo interior. Allí contempló "el arca del testamento", representada por el arca sagrada construida por Moisés para guardar la ley de Dios.

Moisés hizo el santuario terrenal, "conforme al modelo que había visto". Pablo declara que "el tabernáculo y todos los vasos del ministerio", después de haber sido hechos, eran "figuras de las cosas celestiales" (Hech. 7: 44; Heb. 9: 21, 23). Y Juan dice que vio el santuario celestial. Aquel santuario, en el cual oficia Jesús en nuestro favor, es el gran original, del cual el santuario construido por Moisés era una copia.

Ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del templo celestial, la morada del Rey de reyes donde "millares de millares" le sirven y "millones de millones" están delante de él (Dan. 7: 10), de aquel templo henchido de la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus guardianes resplandecientes, se cubren el rostro para adorar al Rey. Sin embargo, las verdades importantes acerca del santuario celestial y de la gran obra que allí se efectúa en favor de la redención del hombre debían enseñarse mediante el santuario terrenal y sus servicios.

Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a principiar su obra como nuestro Sumo Sacerdote. El apóstol Pablo dice: "No entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios" (Heb. 9: 24). Como el ministerio de Cristo se dividiría en dos grandes partes, ocuparía cada una un período y tendría un sitio distinto en el santuario 44 celestial, así también el culto simbólico consistía en el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se dedicaba una sección del tabernáculo.

Como Cristo, después de su ascensión, compareció ante la presencia de Dios para ofrecer su sangre en beneficio de los creyentes arrepentidos, así el sacerdote rociaba en el servicio diario la sangre del sacrificio en el lugar santo en favor de los pecadores.

Aunque la sangre de Cristo debía librar al pecador arrepentido de la condenación de la ley, no había de anular el pecado; éste queda registrado en el santuario hasta la expiación final; así en el símbolo, la sangre de la víctima quitaba el pecado del arrepentido, pero quedaba en el santuario hasta el día de la expiación.


Cristo  en su santuario
Gracias 91229 visitantes¡Aqui en esta página!

 
 

=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=