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Un problema económico

Un problema económico

En cada fase del negocio de la venta de licores hay falta de honradez y violencia. Las casas de los traficantes de licores están construidas con el salario de la injusticia, y sostenidas por la violencia y la opresión (Review and Herald, 1-5-1894).

"¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad! . . . Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón. ¿Reinarás, porque te rodeas de cedro? . . . Tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio".

Este pasaje de la Escritura describe la obra de aquellos que elaboran y venden el licor embriagante. Su negocio significa robo. Por el dinero que reciben no entregan ninguna cosa que sea útil. Cada dólar que añaden a sus ganancias ha traído una maldición al que lo gastó.

Cada año se consumen millones y millones de litros de bebida embriagante. Se gastan millones y millones de dólares para comprar miseria, pobreza, enfermedad, degradación, lujuria, crimen y muerte. Por el amor a la ganancia, el traficante de licores distribuye a sus víctimas aquello que corrompe y destruye mente y cuerpo. Hace perpetuar la pobreza y la miseria de la familia del bebedor (Drunkenness and Crime, págs. 7, .

El ebrio es capaz de cosas mejores. Dios le ha confiado talentos con los cuales glorifique a Dios, pero sus semejantes han tendido una trampa a su alma, y se han enriquecido a costa de sus recursos. Han vivido en el lujo, mientras sus pobres hermanos a los cuales han despojado, vivían en la pobreza y la degradación. Pero Dios requerirá todo esto de la mano de aquel que ha ayudado al bebedor a hundirse en el camino de la ruina (Manuscrito 54, sin fecha).

Los legisladores y los traficantes de licores pueden lavarse las manos como Pilato, pero no estarán libres de la sangre de las almas. La ceremonia del lavado de sus manos no los limpiará, cuando por su influencia o por su intermedio han ayudado a hacer bebedores a los hombres. Serán considerados responsables de los millones de dólares que se han derrochado para consumir a los consumidores. Nadie puede cerrar los ojos ante los terribles resultados del tráfico de licores. Los diarios muestran que la miseria, la pobreza, el crimen que resultan de este tráfico, no son fábulas artificiosas, y que centenares de personas se están enriqueciendo a costa del sustento de los hombres a los cuales envían a la perdición por su maldito negocio de bebidas. ¡Ojalá que se suscitara una conciencia pública que pusiera fin al tráfico de bebidas, cerrara las tabernas, y diera a esos hombres enloquecidos la oportunidad de pensar en las realidades eternas! (Review and Herald, 295-1894).

Pensemos en el dinero mal gastado en las tabernas, donde los hombres venden su razón por aquello que los coloca plenamente bajo el dominio de Satanás. ¡Qué cambio habría en la sociedad si este dinero se usara para fundar escuelas donde se diera a niños y jóvenes instrucción bíblica, y se les enseñara cómo ayudar a sus semejantes, cómo buscar y salvar a los perdidos!

Hay una obra que debe hacerse para todas las capas de la sociedad. . . . No debemos olvidar a los ministros, abogados, senadores, jueces, muchos de los cuales usan bebidas alcohólicas y tabaco. . . . Pedidles que inviertan para el establecimiento de instituciones donde pueda prepararse a niños y jóvenes para llenar cargos de utilidad en el mundo el dinero que de otra manera gastarían en la dañina complacencia del licor y el tabaco (Carta 25, 1902).

Los llantos de los millones de habitantes de nuestro mundo que se están muriendo de hambre, serían pronto acallados si el dinero entrado en las arcas de los vendedores de bebidas alcohólicas se usara para aliviar los sufrimientos de la humanidad. Pero el mal está aumentando constantemente. Se educa a los jóvenes a amar esta vil mercadería que los está arruinando en alma y cuerpo. Se niegan a hacer la obra que podrían hacer en la viña del Señor (Manuscrito 139, 1899).

Pensemos en los miles y millones de dólares que se invierten en la bebida que hará que el hombre se asemeje a una bestia, y destruirá su razón. . . . Todo este dinero podría realizar mucho bien si se usara para el sostén de las misiones en las zonas oscuras de nuestro mundo. Se está robando a Dios aquello que por derecho le pertenece (Manuscrito 38 1/2, 1905).

Cuando obedezcamos la orden del apóstol: "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios", miles de dólares que ahora se sacrifican en aras del deseo pernicioso, fluirán a la tesorería del Señor, multiplicando las publicaciones en diferentes idiomas para esparcirlas como hojas de otoño. Se establecerán misiones en otras naciones, y entonces los seguidores de Cristo serán de veras la luz del mundo (Signs of the Times, 13-8-1874).

La embriaguez, el desorden, la violencia, el crimen, el homicidio, vienen como resultado de que el hombre vende su razón. Los numerosos días de fiesta aumentan los males de la intemperancia. Estas fiestas no ayudan a la moral o a la religión. En ellas los hombres gastan en la bebida el dinero que debiera usarse para satisfacer las necesidades de sus familias; y los vendedores de bebidas recogen su cosecha.

Cuando la bebida está adentro, la razón ha salido. Esta es la hora y el poder de las tinieblas, cuando todo crimen es posible, y toda la maquinaria humana está dominada por un poder infernal, cuando alma y cuerpo son puestos bajo el dominio de la pasión. Y, ¿qué puede resistir a esta pasión? ¿Qué puede detenerla? Estas almas no tienen un ancladero seguro. Las fiestas las llevan a la tentación, porque en un día de fiesta muchos piensan que, por el solo hecho de estar de vacaciones, pueden hacer lo que les plazca (Manuscrito 17, 1898).

Mirad a los que beben vino, cerveza y licores. Que saquen la cuenta de cuánto dinero gastan en ello. ¡Cuántos miles y millones de dólares han entrado en la tesorería del diablo para perpetuar la iniquidad, para llevar adelante la disolución, la corrupción y el crimen (Manuscrito 20, 1894).

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