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Normas morales

Normas Morales

Hizo Satanás [en la época antediluviano] un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio. (Nota: *Patriarcas y Profetas, pág. 350.)

Satanás conoce muy bien el material con el cual ha de vérselas en el corazón humano. Por haberlos estudiado con intensidad diabólica durante miles de años conoce los puntos más vulnerables de cada carácter; y en el transcurso de las generaciones sucesivas ha obrado para hacer caer a los hombres más fuertes, príncipes de Israel, mediante las mismas tentaciones que tuvieron tanto éxito en Baal-peor. A través de los siglos pueden verse los casos de caracteres arruinados que encallaron en las rocas de la sensualidad. (Nota: *Id., pág. 488.)

La licencia fue el crimen que atrajo los castigos de Dios sobre Israel. El atrevimiento de las mujeres para entrampar almas no terminó en Baal-peor. No obstante el castigo que alcanzó a los pecadores de Israel, el mismo crimen se repitió muchas veces. Satanás ponía de manifiesto su mayor actividad al procurar que fuese completa la caída de Israel. (Nota: *Review and Herald, 17 de mayo, 1887.)

La práctica licenciosa de los hebreos logró en ellos lo que no pudieron lograr todas las guerras de las naciones ni los encantos de Balaam. Quedaron separados de su Dios, quien les quitó su protección y se volvió enemigo suyo. Fueron tantos 296 los príncipes y los del común del pueblo que se hicieron culpables de licencia que ésta vino a ser un pecado nacional, a causa del cual Dios se airó contra toda la congregación. (Nota: *Ibid.)

Al acercarse el fin de la historia de esta tierra, Satanás obrará con todo su poder de la misma manera y con las mismas tentaciones con que tentó al antiguo Israel cuando estaba por entrar en la tierra prometida. Tenderá lazos para los que aseveran guardar los mandamientos de Dios, y que están casi en los límites de la Canaán celestial. Empleará hasta lo sumo sus poderes para entrampar almas y hacer caer en lo que respecta a sus puntos más débiles a los que profesan ser hijos de Dios. Satanás ha resuelto destruir por sus tentaciones y contaminar por la licencia las almas de quienes no hayan sujetado las pasiones inferiores a las facultades superiores de su ser, a los que dejaron correr sus pensamientos por el canal de la satisfacción carnal de las pasiones más bajas. No apunta especialmente a los blancos menos importantes, sino que se vale de sus engaños mediante personas a quienes puede alistar como agentes suyos para inducir a los hombres a permitirse libertades que la ley de Dios condena. Sabiendo que quien transgrede en un punto es culpado de todos, y él, Satanás, domina así todo el ser, ataca a quienes ocupan puestos de responsabilidad, a los que enseñan lo exigido por la ley de Dios, a aquellos de cuya boca rebosan los argumentos para vindicar dicha ley, y dirigiendo contra ellos sus poderes infernales, pone sus agentes a trabajar, para hacer caer a esos hombres en los puntos débiles de su carácter. La ruina abarca la mente, el alma y el cuerpo. Si se trata de quien fue mensajero de la justicia, poseedor de mucha luz, o si el Señor lo usó como obrero especial en la causa de la verdad, entonces ¡cuán grande es el triunfo de Satanás! ¡Cómo se regocija él! ¡Cuánto deshonor para Dios! (Nota: *Ibid.)

Se me ha presentado un horrible cuadro de la condición del mundo. La inmoralidad 297 cunde por doquiera. La disolución es el pecado característico de esta era. Nunca alzó el vicio su deforme cabeza con tanta osadía como ahora. La gente parece aturdida, y los amantes de la virtud y de la verdadera bondad casi se desalientan por esta osadía, fuerza y predominio del vicio. La iniquidad prevaleciente no es del dominio exclusivo del incrédulo y burlador. Ojalá fuese tal el caso; pero no sucede así. Muchos hombres y mujeres que profesan la religión de Cristo son culpables. Aun los que profesan esperar su aparición no están más preparados para ese suceso que Satanás mismo. No se están limpiando de toda contaminación. Han servido durante tanto tiempo a su concupiscencia, que sus pensamientos son, por naturaleza, impuros y sus imaginaciones, corruptas. Es tan imposible lograr que sus mentes se espacien en cosas puras y santas como lo sería desviar el curso del Niágara y hacer que sus aguas remontasen las cataratas.... Cada cristiano tendrá que aprender a refrenar sus pasiones y a guiarse por los buenos principios. A menos que lo haga, es indigno del nombre de cristiano. (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 253, 254.)

Prevalece un sentimentalismo amoroso enfermizo. Hombres casados reciben atenciones de mujeres casadas o solteras, que parecen hechizadas y pierden la razón, el discernimiento espiritual y el buen sentido; hacen aquello mismo que la Palabra de Dios condena, así como lo condenan los testimonios del Espíritu de Dios. Les son presentados claros reproches y amonestaciones, y sin embargo recorren la misma senda que otros han recorrido antes que ellos. Parecerían participar en un juego que los llena de infatuación. Satanás los induce a arruinarse, a poner en peligro la causa de Dios, a crucificar nuevamente al Hijo de Dios y a avergonzarle públicamente. (Nota: *Manuscrito 19a, 1890.)

La ignorancia, el amor a los placeres y los hábitos pecaminosos, que corrompen el alma, el cuerpo y el espíritu, llenan el mundo de lepra moral; un mortífero paludismo 298 moral está destruyendo a millares y a decenas de millares. ¿Qué debe hacerse para salvar a nuestros jóvenes? Poco es lo que nosotros podemos hacer, pero Dios vive y reina, y él puede hacer mucho. (Nota: *Manuscrito 8, 1894.)

Las libertades permitidas en esta era de corrupción no deben modelar el criterio de quienes siguen a Cristo. Las manifestaciones de familiaridad que se estilan hoy no deben existir entre los cristianos que se preparan para la inmortalidad. Si la lascivia, la contaminación, el adulterio, los delitos y el homicidio están a la orden del día entre los que no conocen la verdad y se niegan a ser regidos por los principios de la Palabra de Dios, ¡cuán importante resulta que les muestren un camino mejor y más noble aquellos que profesan ser discípulos de Cristo y estar estrechamente aliados con Dios y los ángeles! ¡Cuán importante viene a ser que por su castidad y virtud se destaquen en contraste con los que son dominados por brutales pasiones! (Nota: *Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 459.)

En esta era de degeneración se encontrarán muchos que están tan ciegos con respecto a la gravedad del pecado que prefieren una vida licenciosa porque se aviene con la inclinación perversa del corazón natural.

En vez de ponerse frente al espejo de la ley de Dios y elevar su corazón y carácter a la altura de la norma divina, permiten que los agentes de Satanás erijan la norma de éste en sus corazones. Los hombres corrompidos piensan que interpretar mal las Escrituras para que éstas los apoyen en su iniquidad es más fácil que renunciar a su corrupción y pecado, y ser puros en el corazón y la vida.

Los hombres de esta índole son más numerosos de lo que muchos se han imaginado, y se irán multiplicando a medida que nos acerquemos al fin del tiempo. (Nota: *Id., tomo 5, pág. 141.)

Cuando el poder hechizador de Satanás domina a una persona, ésta se olvida de Dios y ensalza al ser humano lleno de propósitos corruptos. Esas almas engañadas practican como si fuese una virtud la licencia secreta. Es una especie de brujería. . . . Hay siempre un poder hechizador en las herejías y la licencia. La mente queda tan seducida que no puede razonar inteligentemente, y una ilusión la desvía Continuamente de la pureza. La percepción espiritual se embota, y personas que hasta entonces se rigieron por principios de alta moralidad quedan confundidas por sofismas engañadores presentados por agentes de Satanás que profesan ser mensajeros de luz.

Este engaño es lo que da poder a estos agentes. Si ellos se presentasen audazmente e hiciesen abiertamente sus proposiciones, serían rechazados sin un momento de vacilación; pero obran primero de tal manera que inspiran simpatía y confianza como si fuesen santos y abnegados hombres de Dios. Como sus mensajeros especiales, empiezan entonces su artera obra de apartar las almas de la senda de la rectitud, y procuran anular la ley de Dios. (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 34.)

La mente de un hombre o de una mujer no desciende en un momento de la pureza y santidad a la depravación, corrupción y delincuencia. Se requiere tiempo para transformar lo humano en algo divino, o para degradar a los que fueron formados a la imagen de Dios al punto de comunicarles características brutales o satánicas. Por la contemplación nos transformamos. Aunque creado a la imagen de su Hacedor, el hombre puede educar de tal manera su mente que el pecado que antes le repugnara le resulte agradable. Al dejar de velar y orar, deja de custodiar la ciudadela de su corazón, y participa en el pecado y los delitos. El intelecto queda degradado, y es imposible elevarlo de la corrupción mientras se le educa de un modo que esclavice sus facultades morales e intelectuales y las sujete a las pasiones más groseras. Debe reñirse una guerra constante contra el ánimo carnal; y necesitamos que nos ayude la influencia refinadora de la gracia de Dios, que 300 atraerá la mente hacia arriba y la habituará a meditar en cosas puras y santas. (Nota: *Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 478, 479.)

No hay seguridad para hombre alguno, sea joven o anciano, a menos que sienta la necesidad de solicitar el consejo de Dios a cada paso. Sólo aquellos que se mantienen en estrecha comunión con Dios aprenderán a valorar a los hombres como él los valora, y a reverenciar a los puros, los buenos, los humildes y los mansos. El corazón debe ser custodiado como lo fue el de José. Entonces se hará frente con decisión a las tentaciones a apartarse de la integridad, diciendo: "¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?" La tentación más poderosa no disculpa el pecado. Por intensa que sea la presión a la cual nos veamos sometidos, el pecado es un acto nuestro. La sede de la dificultad está en el corazón irregenerado. (Nota: *Manuscrito 19a, 1890.)

En vista de los peligros de este tiempo, y como pueblo que guarda los mandamientos de Dios, ¿no habremos de apartar de nosotros todo pecado, toda iniquidad, toda perversidad? ¿No habrán de vigilarse estrictamente a sí mismas las mujeres que profesan la verdad, a fin de no estimular la menor familiaridad injustificable? Pueden cerrar muchas puertas de tentación si observan en toda ocasión una reserva estricta y una conducta apropiada. (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 243.)

Con corazón angustiado escribo que en esta época las mujeres, casadas y solteras, con demasiada frecuencia no observan la reserva necesaria. Coqueteando, estimulan las atenciones de hombres solteros y casados y los que son moralmente débiles quedan seducidos. Al tolerar estas cosas, se amortiguan los sentidos morales y se ciega el entendimiento de manera que el delito no parece pecaminoso. Se despiertan pensamientos que no se habrían despertado si la mujer hubiese conservado su lugar con toda modestia y seriedad. Puede ser que no tuvo ella misma propósito o motivo ilícito, pero estimuló a hombres 301 que son tentados, y que necesitan toda la ayuda que puedan obtener de quienes los traten. Si ellas se hubiesen mantenido circunspectas y reservadas y si, en vez de permitirse libertades y recibir atenciones injustificables, hubiesen tenido un alto tono moral y una dignidad apropiada, podría haberse evitado mucho mal. (Nota: *Manuscrito 4a, 1885.)

Hace mucho que quiero hablar a mis hermanas y decirles que, por lo que agradó al Señor mostrarme en una oportunidad, hay un gran defecto entre ellas. No son cuidadosas en cuanto a abstenerse de toda apariencia de mal. No son todas discretas en su conducta, como conviene a mujeres que profesan la piedad. Sus palabras no son tan selectas y bien escogidas como debieran serlo las de quienes recibieron la gracia de Dios. Son demasiado familiares con sus hermanos. Se demoran en derredor de ellos, se inclinan hacia ellos, y parecen preferir su compañía. Sus atenciones les dan mucha satisfacción.

De acuerdo con la luz que el Señor me ha dado, nuestras hermanas debieran seguir una conducta muy diferente: ser más reservadas, manifestar menos audacia y ataviarse "con vergüenza y modestia." Tanto los hermanos como la hermanas se entregan demasiado a la conversación jovial cuando están juntos ambos sexos. Las mujeres que profesan tener piedad dejan oír muchas bromas y risas. Esto no es propio y contrista al Espíritu de Dios. Estas manifestaciones revelan una falta de verdadero refinamiento cristiano. No fortalecen el alma en Dios, sino que producen grandes tinieblas, ahuyentan a los ángeles celestiales puros y refinados y rebajan a un nivel inferior a quienes participan de estos males. (Nota: *Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 455.)

Con mucha frecuencia son las mujeres las que tientan. Con un motivo u otro, requieren la atención de los hombres casados o solteros, y los llevan adelante hasta que transgreden la ley de Dios, hasta que su utilidad queda arruinada y sus almas están en peligro.... Si las mujeres quisieran tan sólo 302 elevar sus vidas y trabajar con Cristo, su influencia sería menos peligrosa; pero con sus sentimientos actuales de despreocupación acerca de las responsabilidades del hogar y de los requerimientos que Dios les hace, su influencia se hace sentir con frecuencia en el sentido del mal, sus facultades son empequeñecidas, y su obra no lleva la impresión divina. (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 237, 238.)

Hay tantas señoritas atrevidas y mujeres audaces que tienen la facultad de hacerse notar, poniéndose en la compañía de hombres jóvenes, invitando las atenciones y flirteos de hombres casados y solteros, que a menos que Vd. se concentre en Cristo y sea firme como el acero, será arrastrado a la red de Satanás. (Nota: *Medical Ministry, pág. 145.)

Como embajadora de Cristo, os suplico a vosotros que profesáis la verdad presente, para que rechacéis cualquier avance de la impureza, y abandonéis la sociedad de aquellos que emiten una sugestión impura. Repudiad estos pecados contaminadores con el más intenso odio. Apartaos de aquellos que, aun en la conversación, permiten que su mente siga esta tendencia; "porque de la abundancia del corazón habla la boca."...

No debierais ni por un momento dar cabida a una sugestión impura y disfrazada; porque aun eso manchará el alma, como el agua impura contamina el conducto por el cual pasa. (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 37.)

Una mujer que permita que en su presencia se pronuncie una palabra o sugestión impúdica, no es como Dios quisiera que sea; la que permite cualquier familiaridad indebida o sugestión impura no conserva su calidad de mujer semejante a Dios. (Nota: *Manuscrito 4a, 1885.)

Nuestras hermanas deben cultivar la verdadera mansedumbre; no deben ser habladoras ni atrevidas, sino modestas, humildes y tardas en hablar. Pueden ser corteses, pues agradarán a Dios si son bondadosas, tiernas, compasivas, perdonadoras y humildes. Si asumen esta actitud, no se verán molestadas por 303

atenciones indebidas de parte de los hombres en la iglesia o fuera de ella. Todos sentirán que hay en derredor de estas mujeres que temen a Dios un círculo sagrado de pureza que las protege de cualesquiera libertades injustificables.

En el caso de algunas mujeres que profesan tener piedad, existe una libertad de modales descuidada y vulgar que induce al mal. Pero las mujeres cuyo ánimo y corazón se dedican a meditar en temas fortalecedores de la pureza en la vida y elevadores del alma para que comulgue con Dios, no se extraviarán con facilidad de la senda recta y virtuosa. Las tales serán fortalecidas contra los sofismas de Satanás, y preparadas para resistir sus artes seductoras. (Nota: Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 456.*)

Os suplico que, como quienes siguen a Cristo y lo profesan altamente, que cultivéis la preciosa e inestimable joya de la modestia, que es guardadora de la virtud. (Nota: Id., pág. 458.*)

Debéis dominar vuestros pensamientos. Esta tarea no será fácil, y no podéis cumplirla sin esfuerzo aplicado y aun severo. Sin embargo, es lo que Dios os exige; es un deber que incumbe a todo ser que ha de dar cuenta. Sois responsables delante de Dios por vuestros pensamientos. Si os entregáis a imaginaciones vanas y permitís que vuestra atención se espacie en temas impuros, sois en cierta medida tan culpables delante de Dios como si vuestros pensamientos se hubiesen puesto en ejecución. Todo lo que impide la acción es la falta de oportunidad. El soñar de día y de noche, así como el edificar castillos en el aire, constituyen malos hábitos, excesivamente peligrosos. Una vez arraigados, es casi imposible deshacerse de ellos y dirigir los pensamientos hacia temas puros, santos y elevados. (Nota: Id., pág. 561.*)

Quedo apenada cuando veo a ciertos hombres alabados, adulados y mimados. Dios me ha revelado que algunos de los que reciben estas atenciones son indignos de pronunciar su nombre. Sin embargo, son ensalzados hasta el cielo en la estima de algunos seres finitos, que leen tan sólo la apariencia externa. Hermanas mías, nunca miméis ni aduléis a pobres hombres falibles y sujetos a yerros, sean jóvenes o ancianos, casados o solteros. No conocéis sus debilidades, y no sabéis si estas mismas atenciones y profusas alabanzas no han de provocar su ruina. Me alarma la cortedad de visión, la falta de sabiduría que muchos manifiestan al respecto.

Los hombres que están haciendo la obra de Dios, y que tienen a Cristo morando en su corazón, no rebajarán la norma de la moralidad, sino que tratarán siempre de elevarla. No hallarán placer en la adulación de las mujeres, ni en ser mimados por ellas. Digan los hombres, tanto solteros como casados: "Guardemos distancia. Nunca daré la menor ocasión para que mi buen nombre sea vilipendiado. Mi buen nombre es capital de mucho más valor para mí que el oro o la plata. Déjenme conservarlo sin mancha. Si los hombres atacan ese nombre, no será porque les haya dado ocasión de hacerlo, sino por la misma razón por la cual hablaron mal de Cristo, a saber, porque odiaban la pureza y santidad de su carácter; porque les era una constante reprensión." (Nota: *Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 236,237.)

Las menores insinuaciones, cualquiera que sea su origen, que os inviten a pecar o a permitir la menor libertad injustificable con vuestra persona, deben considerarse como los peores insultos a vuestra dignidad de mujeres. El beso destinado a vuestra mejilla, en momento y lugar inoportunos, debe induciros a rechazar con desagrado al emisario de Satanás. Si proviene de alguien altamente situado que trata con cosas sagradas, el pecado es diez veces mayor y debiera hacer retroceder con horror a una mujer o joven temerosa de Dios, no sólo delante del pecado que se le propone sino también delante de la hipocresía y villanía de alguien a quien se respeta y honra como siervo de Dios. (Nota: Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 458.*)

Si un ministro del Evangelio no controla sus pasiones más bajas, si no sigue el ejemplo del apóstol y deshonra de tal 305 manera su profesión y fe que llegue hasta mencionar la participación en el pecado, nuestras hermanas que profesan tener piedad no deben pensar por un instante que el pecado o el delito pierde su maldad porque su pastor se atreva a cometerlo. El hecho de que ciertos hombres que ocupan puestos de responsabilidad manifiesten haberse familiarizado con el pecado no debe reducir en el parecer de nadie la culpabilidad y enormidad del pecado. Este debe aparecer tan pecaminoso y aborrecible como se le ha considerado hasta aquí; y en su ánimo los puros y elevados deben abominar y huir de quien lo comete como huirían de una serpiente de mordedura mortal. Si las hermanas poseyeran altura y pureza de corazón, cualquier sugestión corrupta, aun de parte de su pastor, sería rechazada con tal energía que nunca se repetiría. (Nota: Id., pág. 457.*)

¡Cuán cuidadoso debe ser el esposo y padre en mantener su lealtad a sus votos matrimoniales! ¡

Cuánta circunspección debe haber en su carácter, no sea que estimule en algunas jóvenes, o aun en mujeres casadas, pensamientos que no estén de acuerdo con la norma alta y santa: los mandamientos de Dios! Cristo enseña que estos mandamientos son amplísimos, y que llegan hasta los pensamientos, intentos y propósitos del corazón. Allí es donde muchos delinquen. Las imaginaciones de su corazón no son del carácter puro y santo que Dios requiere; y por muy alta que sea su vocación, por talentosos que sean ellos, Dios anotará la iniquidad contra ellos, y los contará como mucho más culpables y merecedores de su ira que aquellos que tienen menos talento, menos luz, menos influencia. (Nota: Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 236, 237.*)

A los hombres casados se me ha instruido que les diga: A vuestras esposas, las madres de vuestros hijos, es a quienes debéis respeto y afecto. A ellas debéis dedicar vuestras, atenciones, y vuestros pensamientos deben espaciarse en cómo contribuir a su felicidad. (Nota: Carta 231, 1903.*)

Se me han mostrado familias en las cuales el esposo y padre 306 no mantuvo la reserva ni la dignidad viril y piadosa que conviene al que sigue a Cristo. No cumplió los actos de bondad, ternura y cortesía que debe a su esposa, a la cual prometió, delante de Dios y de los ángeles, que la amaría, respetaría y honraría mientras ambos viviesen. La joven asalariada que ayudaba en los trabajos domésticos tenía modales demasiado libres y con cierto atrevimiento se permitía peinarle el cabello y hacerle objeto de atenciones afectuosas, que lo dejaban tontamente halagado. Ya no es tan demostrativo en el amor y la atención que dedica a su esposa. Tenga la seguridad que Satanás obra en esto. Respete a las personas a quienes tienen Vds. a sueldo, trátelas con bondad y consideración, pero sin ir más lejos. Sea su conducta tal que no las incite a familiaridades. (Nota: Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 461.*)

¡Oh, cuántas vidas quedan amargadas por el derribamiento de las paredes que encierran las intimidades de cada familia y que están destinadas a conservar su pureza y santidad! Una tercera persona recibe las confidencias de la esposa, y llega a conocer los asuntos privados de la familia. Esto constituye la estratagema de Satanás para enajenar a los esposos. ¡Ojalá esto cesase! ¡Cuántas dificultades se ahorrarían! Encerrad en vuestros propios corazones el conocimiento de vuestras faltas mutuas. Presentad vuestras dificultades a Dios solamente. El puede daros consejos correctos y consuelo seguro, impregnado de pureza y exento de amargura. (Nota: Id., pág. 462.*)

Cuando una mujer relata sus dificultades de familia, o se queja de su esposo a otro hombre, viola sus votos matrimoniales; deshonra a su esposo y quebranta la muralla erigida para preservar la santidad de la relación matrimonial; abre de par en par la puerta e invita a Satanás a entrar con sus tentaciones insidiosas. Esto es precisamente como Satanás quiere que sea. Si una mujer acude a un hermano cristiano a relatarle sus desgracias, sus desilusiones y sus 307 pruebas, él debe siempre aconsejarle que, si ha de confiar sus dificultades a alguien, elija hermanas como sus confidentes, y entonces no habrá apariencia de mal que pueda hacer sufrir oprobio a la causa de Dios. (Nota: Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 245.*)

Me dirijo a nuestros hermanos. Si os acercáis a Jesús, y tratáis de adornar vuestra profesión con una vida bien ordenada y una conversación piadosa, vuestros pies serán guardados de extraviarse en sendas prohibidas. Si tan sólo queréis velar, velar continuamente en oración, y tan sólo hacéis todo como si estuvieseis en la presencia inmediata de Dios, seréis salvados de caer en la tentación, y podréis esperar llevar hasta el fin una vida pura, sin mancha ni contaminación. Si mantenéis firme hasta el fin el principio de vuestra confianza, vuestros caminos serán afirmados en Dios, y lo que la gracia empezó, lo coronará la gloria en el reino de nuestro Dios. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Si Cristo está en nosotros crucificaremos la carne con sus afectos y concupiscencias.309 (Nota: Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 39.*)

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