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Los simbolos en el servicio del santuario




LOS SÍMBOLOS EN EL SERVICIO DEL SANTUARIO


Los argumentos extraídos de los símbolos del Antiguo Testamento indicaban también el otoño como el momento cuando debía verificarse el acontecimiento representado por la "purificación del santuario". Esto resultó muy claro cuando la atención se fijó en el modo como se cumplieron los símbolos relativos al primer advenimiento de Cristo.

La inmolación del cordero pascual prefiguraba la muerte de Cristo. San Pablo dice: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" (1 Cor. 5: 7). La gavilla de las primicias del trigo, que era costumbre mecer ante el Señor en ocasión de la Pascua, era figura simbólica de la resurrección de Cristo . . .

Estos símbolos se cumplieron no sólo en cuanto al acontecimiento, sino también en cuanto al tiempo. El día 14 del primer mes de los judíos, el mismo día y el mismo mes cuando quince largos siglos antes el cordero pascual había sido inmolado, Cristo, después de haber comido la pascua con sus discípulos, estableció la ceremonia que debía conmemorar su propia muerte como "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". En aquella misma noche fue aprehendido por manos impías, para ser crucificado e inmolado. Y tal como lo simbolizaba la gavilla mecida, nuestro Señor resucitó de entre los muertos al tercer día, "primicias de los que durmieron", cual ejemplo de todos los justos que han de resucitar, cuyo "vil cuerpo" "transformará" y hará "semejante a su cuerpo glorioso" (1 Cor. 15: 20; Fil. 3: 21, VM).

Asimismo los símbolos que se refieren al segundo advenimiento deben cumplirse en el tiempo indicado por el ritual simbólico. Bajo el régimen mosaico, la purificación del santuario, o sea el gran día de la expiación, caía en el décimo día del séptimo mes judío (Lev. 16: 29-34), cuando el sumo sacerdote, habiendo hecho expiación por todo Israel, y habiendo eliminado así sus pecados del santuario, salía a bendecir al pueblo. Por eso se creyó que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, aparecería para purificar la tierra por medio 93 de la destrucción del pecado y los pecadores, y para conceder la inmortalidad a su pueblo que lo esperaba. El décimo día del séptimo mes, el gran día de la expiación, el momento de la purificación del santuario, que en el año 1844 caía en el 22 de octubre, fue considerado como el día de la venida del Señor. Esto estaba en consonancia con las pruebas ya presentadas de que los 2.300 días terminarían en el otoño, y la conclusión parecía irrebatible . . .

Los que recibieron el mensaje llegaron cuidadosa y solemnemente al momento cuando esperaban encontrarse con su Señor. Cada mañana sentían que su primer deber consistía en asegurarse que eran aceptos ante Dios. Sus corazones estaban estrechamente unidos, y oraban mucho unos con otros y unos por otros. A menudo se reunían en sitios apartados para ponerse en comunión con Dios, y se oían voces de intercesión que desde los campos y las arboledas ascendían al cielo. La seguridad de que el Señor les daba su aprobación era para ellos más necesaria que su alimento diario, y si alguna nube oscurecía sus espíritus, no descansaban hasta que se hubiera desvanecido. Como sentían el testimonio de la gracia que los perdonaba, anhelaban contemplar a Aquel a quien amaban sus almas.



Cristo en su  santuario
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